Ella solo era una utopía, nació en el mal llamado invierno caribeño, su cuerpo estaba hecho de papel y pegamento, El, aunque tenia documentos y acta de nacimiento, no estaba convencido de su existencia, así se lo enseñaron los primeros infectados con el virus de la impunidad.
Por las noches contaban estrellas, inventaban historias y lloraban junto al río del medio, que durante siglos sirvió de cementerio a todos los poetas inventados y hasta los que todavía no habían sido concebidos en la la vieja aldea con aspiraciones de gran ciudad.
La verdad es que no se dejaban ver, ni siquiera por otros condenados, la incomprensión de esa época era la que decidía quien debía cortarse la lengua y quien no. Y así se hizo hasta el final de los tiempos.
Un día alguien hablo de la sombra y nunca mas salió el sol, las fotos de la época se derritieron con el fuego del carbón. Esa noche las cenizas se fueron al mar, y contrario a los pronosticos, el papel de su cuerpo no fue desecho por el agua lejana y se acostrumbo a la nieve, bailando con el canto de las ballenas y las luces citadinas negadas por la impericia gubernamental.
Hoy vive de las sonrisas de chicos y grandes, muy lejos de aquel mal llamado invierno caribeño y es feliz.

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